sábado, 8 de febrero de 2025

Los hijos de Ptah

1. Por crear un esclavo orgánico, a su imagen y semejanza, pero desposeído de cualquier voluntad y usarlo como máquinas.

2. Por usarlo para complacer la debilidad de su lujuria.

3. Por cruzar los acervos genéticos diluyendo a través de las generaciones las limitaciones para sentir y razonar.

4. Por anegar la tierra para enjuagar sus pecados.

5. Por, además, hacerlo tan mal como todo lo que hacen.

6. Por descargar su responsabilidad en quienes no estaban capacitados para ello.

7. Por dejar que la verdad sea barrida por el viento.


Eso son los hijos de Ptah que algunos toman por dioses, un hatajo de follacabras irresponsables.

No somos los humanos el único engendro de por aquí, ni mi lealtad está con la humanidad o sus dioses si no con la razón.

Esos son los hijos de Ptah, pronunciado Pu-tah.

Recuerdos a Anu de su nieto.

jueves, 23 de enero de 2025

Exactamente las mismas

 Nos quedamos en la superficie. Literalmente. ¿Qué porcentaje de un planeta representa esa superficie, desde su núcleo hasta las capas altas de la atmósfera?

Nuestra situación en éste que habitamos podría ser mucho más parecida a la de una tribu “no contactada” que ve sobrevolar un helicóptero e intenta atravesarlo con flechas.

Y ni siquiera hace falta pensar en extraterrestres. Lo primero que haría un servicio de inteligencia es ocuparse de que todos los ojos miren en la dirección opuesta a la que hay que mirar.

De hecho si borramos ese “extra” podremos entender un presunto interés por los silos de misiles nucleares. Caso contrario el interés por evitar la destrucción de nuestro propio entorno sería puramente altruista, y no quiero decir que no se dé, pero sin duda cuando existe una afectación directa se convierte una prioridad. Lo suficiente como para intervenir obviando el principio de discreción.

Nos faltan muchos capítulos de la historia, se diría que todos, incluso de nuestra propia especie. Cuánto tiene la historia escrita, ¿unos pocos milenios? El problema parte de no entender que no tenemos ni la menor idea de nada. Creemos dominar el globo pero lo cierto es que ni siquiera tenemos presencia significativa en toda la tierra emergida, por no hablar del 70% cubierto por mares por los que únicamente transitamos y más bien por rutas concretas, lo mismo para el aire.

Son todo interrogantes, el tipo de interacciones que podrían haberse dado, seguramente tan traumáticas como el proceso iniciado en 1942. Los detalles curiosos en nuestros mitos y leyendas como esa vez que dios arrasó la tierra porque “hacían mucho ruido” entre muchos otros. Clásico desencuentro vecinal.

Pero lo cierto es que bastante tenemos con lo nuestro, que no es poco.

Lo importante es entender que “como es arriba, es abajo”, que la distancia que podrían tener con nosotros podría ser incluso mayor de la que nosotros tenemos con una tribu indígena no contactada que cuando la van a visitar recibe a los forasteros a flechazos.

Si reflexionamos en profundidad sobre lo que ha acontecido a lo largo de los milenios sobre la faz de la tierra, ni siquiera es descartable que la propia especie humana pudiera haberse escindido en algún momento. Los dinosaurios estuvieron por aquí millones de años y el ser humano parece haber evolucionado en tan solo unos pocos cientos de miles, bien podría tratarse de otra especie completamente distinta. Y todo eso sin la necesidad de pensar en lo que pueda haber más allá de los confines de nuestra atmósfera.

No digo que en Marte tenga que haber necesariamente vida, pero afirmar lo contrario habiendo arañado apenas la superficie es como poco aventurado. Y lo mismo aquí en la tierra, si atendemos al canon de Turín con la lista de reyes del antiguo Egipto se diría que hasta en algún momento nos han gobernado. Y por una u otra razón no acabó bien. Los vestigios de estatuas destruidas y lugares abandonados dan buen testimonio de ello.

No sabemos mucho, pero podemos afirmar que trabajan la piedra de forma exquisita. La razón del fin de ese periodo tal vez la podamos encontrar de nuevo en nuestra tradición, en el génesis sin ir más lejos, cuando habla de los hijos de los hombres y como yacieron con sus mujeres. Supongo que hay cosas que nunca cambian. También ellos deben tener sus propios problemas, incomprensibles para nosotros como lo sería la inflación para un indígena que vive en la selva.

Y aún peor: tal vez, en cierto aspecto, se viva mejor sin esa inflación y el resto de las problemáticas de nuestra civilización. Al final supongo que cada sociedad ha de encontrar su propio camino y su manera de relacionarse consigo misma y con su entorno.

Es muy posible que ni siquiera nos consideren tan civilizados como para compartir mesa y mantel. Se puede incluso pensar en que tuvieran otra noción de la nutrición. La distancia podría ser pavorosa, aunque tal vez no tanto si fuera cierto el citado relato del génesis. El del arca de Noe, sí.

Si lo pensamos bien, la superficie está envuelta en disputas de tal naturaleza que ni siquiera puede presentar un interlocutor unívoco. Tal vez en algún momento llegue el tiempo de la revelación. Tal vez ya se haya intentado a través de los profetas. Envidio a los que puedan vivir tales tiempos, aunque a buen seguro la realidad de los hechos resulte muy amarga comparada con el relato condescendiente con el que nos autocomplacemos.

Pero hay un momento para cada cosa. Si nos contaran la verdad seguramente no fuéramos capaces de concederle el menor crédito. Es probable que fuéramos usados como mano de obra en el pasado (algunas líneas de estudio sostienen que fuimos expresamente “creados” para ello) y que en cierto modo lo sigamos siendo, de un modo velado que no desemboque en la naturaleza del último conflicto, si es que eso es lo que sucedió. Qué duda cabe que en tales circunstancias llevamos la peor parte.

Pero prefiero pensar en toda la influencia positiva, que a buen seguro no es poca. Quizás si algún día resolvemos nuestros problemas y dejamos de hacernos la guerra, tomamos conciencia como colectivo capaz de enfocarse en objetivos, si algún día remamos todos a una, tal vez entonces podamos constituir un interlocutor válido.

Hasta entonces sólo somos ese cuadro de Goya de lucha fraticida, y añadiría yo: mientras un meteorito que va a arrasarlo todo se ve caer al fondo. O como dos personas envueltas en llamas que pelean entre ellas, en lugar de dedicarse a apagar su respectivos fuegos.

Tampoco las élites de la superficie tienen ningún interés en absoluto en que su culo pueda desplazarse ni un milímetro de su asiento, así que no hay mucho que esperar a corto plazo.

Mientras gobierne el poder y no la razón y la única razón sea la de la fuerza no creo que se pueda afirmar que hayamos alcanzado un situación mínima de civilización. Y naturalmente tampoco tienen por qué tener ningún interés en enseñarnos nada como uno no tiene interés en enseñarle a su perro matemáticas.

Así que el corolario es que nos ocupemos más y mejor de nuestros propios asuntos, de nuestro entorno, en parte común y seguramente con tiempo, trabajo y esfuerzo vayan apareciendo algunas de las respuestas a las preguntas que nos obligan a fruncir el ceño.

Tal vez sigan guiando nuestro desarrollo de alguna forma muy ajena para nosotros, quién sabe.

Quizás sea nuestra propia falta de humildad lo que más nos aleja de la verdad. Joder, hace 500 años que nos topamos con América y nos creemos que el planeta es nuestro. Nos queda un camino muy largo por delante y mucho que aprender, si es que no nos aniquilamos antes o convertimos el mundo en un erial. ¿Extraterrestres? Pero de qué ridiculeces me habla usted, de momento bastante tenemos con lo que hay aquí.

¿O no es sospechoso nuestro sorprendente despegue tecnológico de los últimos dos siglos, incluso con programas espaciales, comparado con el escaso desarrollo ético del que nuestras sociedades hacen gala? Señores, somos monos con metralletas. No les extrañe no recibir muchas visitas de cortesía. Y supongo que eso responde a la duda de Fermi.

Y ahora no se me pongan ustedes a excavar dejando la corteza como un queso gruyere en busca de lo que no quiere ser encontrado, lo digo porque es la idea más estúpida que se me ocurre.

Bastante tenemos con intentar entendernos entre nosotros.

Es más, si todo lo hasta aquí expuesto fueran sólo fantasías las acciones a emprender serían exactamente las mismas.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Déjà vu


¿Nunca has tenido esa sensación?

 

A mediados del siglo XX, con el descubrimiento de la armas nucleares, la capacidad de destrucción del ser humano parecía haber tocado techo. Hasta el punto de devolver a la especie a estadios similares al paleolítico, si no erradicarla por completo. Sin embargo, no fue nada comparado con la posibilidad de usar el clima como arma.

No por la cantidad de energía que los seres humanos puedan dirigir y ejercer si no por el orden de magnitud de los factores implicados. Es bien sabido que el clima es un sistema físico de los denominados caóticos, en los que pequeñas diferencias en un punto de partida pueden arrojar enormes diferencias en su desarrollo. Hasta el punto de contar con una ejemplificación bien conocida: el aleteo de una mariposa en un extremo del mundo puede terminar creando un huracán en el extremo opuesto, el efecto mariposa. La intervención humana fue el aleteo de esa mariposa. Y la atmósfera el huracán desencadenado.

No es algo especialmente sorprendente. De no ser así la vida en el cosmos sería un fenómeno mucho más abundante, pero lo cierto es que las civilizaciones golpean una vez y otra como una mosca contra el cristal, que en este caso es el diseño de su propia arquitectura, su biología. O la relación de ésta con el insondable cosmos. La idea de un “gran filtro”, como respuesta a la paradoja que planteó Fermi (mirando a las estrellas, ¿dónde están todos?) está también establecida.

Fue rápido, sin términos medios, y mediante multitud de factores encadenados. Y se llevaron a muchas otras especies en su caída que tal vez hubieran tenido mejores posibilidades. Las razas del mono son por lo general belicosas. Las temperaturas, el equilibrio entre oxígeno y dióxido de carbono hizo que los pobres pulmones y el diafragma que los ha de impulsar terminaran colapsando, comprometidos hasta el punto de no poder seguir aportando el oxígeno necesario al sistema circulatorio.

Pero los caminos de la vida son inescrutables, el fracaso respecto a un cambio súbito en las condiciones del medio que los mecanismos biológicos no son son capaces de encajar en una especie son a la postre una oportunidad para otra. Ésa es una de las causas de la importancia de la biodiversidad. Y aún con todo, en muchos mundos, el programa genético que es el ADN, fracasa.

No fue el caso de la tierra, otras especies pudieron ocupar el vacío dejado, aunque cuando fueron halladas aún se encontraban en estados previos a la civilización. Fue el mejor sueño de la astroarqueología cumplido. A pesar del paso de los milenios, los vestigios de la actividad humana eran muy numerosos.

Toda la maquinaria de la sociedad se volcó con el descubrimiento. Tal vez de haber llegado un poco antes el desenlace pudiera haber sido distinto. Existe cierta fase crítica en la construcción social, sin fe los colectivos se ven abocados a lo que en la teoría de juegos se conoce como equilibrio de Nash.

Según la relación entre lo inflamable del ecosistema, de la resiliencia de su equilibrio, y de las aptitudes de la especies, ese escalón puede ser superado o no.


Los cambios de medio siempre resultan puntos críticos: del mar a la tierra, de la tierra al cielo, del cielo al cosmos, pero en definitiva siempre es así. Y los retrocesos pueden ser tan sorpresivos como sus desencadenantes. Todos vivimos bajo la influencia de fuerzas cuyo orden de magnitud supera incluso las capacidades de nuestra imaginación. La dinámica de los cuerpos en el espacio gobierna el destino de los más, también en las diversas galaxias del universo, la geografía es el destino.

Lo que se halló sobre la faz de la tierra, más precisamente y en mayor parte en su subsuelo, constituía el mejor ejemplo de una civilización aislada en su planeta hallado hasta la fecha.

A medida que las investigaciones y trabajos en diversos ámbitos avanzaban y se reconstruía el modelo de relaciones, más claro aparecía lo cerca que estaron de superar el evento que desencadenó su extinción.

No se trataba de una sociedad de pastores sorprendidos por un meteorito, presentaban grados razonables de desarrollo en la esfera del conocimiento. De hecho aportaron puntos de vista sobre diversos asuntos que se percibían como ingeniosos, visto desde otra manera de hacer las cosas y buscar soluciones a los problemas que se presentan. En otras áreas se observaban déficits evidentes.

La avaricia, como los otros pecados capitales, es un mal difícil de erradicar. Hunde sus raíces en el instinto de conservación, que es el pilar básico de cualquier forma de vida y es un circuito orgánico complicado, delicado de balancear.

No es un defecto en absoluto exclusivo del mono, ni insuperable, en función del contexto que se presente. En función de lo que el padre cosmos tenga a bien conceder. El tiempo siempre es un factor. Aunque en este caso, no el determinante. En el siglo XXI la sociedad humana seguía sumida en lo que a la postre eran conflictos tribales, no muy diferentes de las peleas entre grupos de chimpancés. Pero con una tecnología que inadvertidamente influyó de forma decisiva en el colapso de la atmósfera.

Son equilibrios complejos, con una menor concentración de oxígeno la madera no arde del mismo modo y salir del paleolítico es más difícil sin fuego. La cantidad de trabajo, la energía, presentan relaciones que hacen posible o no el desarrollo.

La ausencia de un sentido de cometido colectivo es una causa relevante en muchos conflictos. Y en la tierra volvió a reinar el viento.

Pero un mal amo podría ser un buen siervo. Eso es lo que se pensó en su momento. Y la causa del proyecto que resucitó al ser humano de su extinción. En la Grecia clásica, cabe recordar que los derechos iban asociados a la calidad de ciudadano.

El hecho de contar con una máquina orgánica de servicio es más próximo a la noción de ganadería que a la de esclavitud. Yo prefiero el ejemplo de la apicultura. Las abejas viven en sus colmenas y fabrican miel, generan un excedente que es aprovechado. Se les priva de su capacidad de invertirlo en su propio desarrollo por lo que se induce a la especie sometida a tales prácticas a un congelamiento en el tiempo, en ese estadio, pero es una práctica éticamente bastante razonable.

La frontera entre las relaciones simbióticas y parasitarias es más difusa de lo que en un principio podría parecer. Existe una especie de pez abisal cuya enorme hembra termina incorporando tras la fecundación a los pequeños machos en su propio cuerpo, que quedan amarrados como pequeñas rémoras. Como decía, los caminos del cosmos son inescrutables, muchos más amplios que las limitadas capacidades de la imaginación.

Se decidió por lo tanto hacer un ensayo inicial que reproducía el contexto de la especie humana en forma de simulación. Existe una paradoja, a la que se llega siguiendo las tesis de Hume. Y es que el método científico sólo puede predecir el pasado. La única garantía de que el experimento volverá a arrojar de nuevo el mismo resultado al final es la fe.

La fe de que uno no se halla en una simulación que pueda ser alterada de cualquier modo y en cualquier momento, de forma totalmente arbitraria y en cualquier aspecto, sin que exista un modo de comprobarlo.

La paradoja es que ni siquiera aquellos que están creando una simulación de ese tipo pueden tener la certeza de que ellos mismos no existen en la simulación de un tercero. Y esa fue la matriz artificial en la que el embrión del ser humano regresó del olvido.

Los resultados fueron satisfactorios aún sin eximir de ciertos riesgos. Pero alguna picadura ocasional es un precio muy bajo a cambio del suministro de miel. Sucede que las simulaciones no generan trabajo, en realidad lo consumen. Lo que generan es información. Para poder obtener las mieles del trabajo y la energía, hay que llevarlo a la realidad. Con la mayor cautela, sin duda. La inversión para restaurar la región del experimento, esa primera prueba piloto, fue más que notable. Y aún así sólo parte de un programa mucho mayor. El proyecto era volver a poner la maquinaria del planeta y la civilización humana en marcha de nuevo.

Tan sólo la fase de recuperación de la atmósfera supuso un esfuerzo sin precedentes. En el momento que los parámetros se estabilizaron dentro de lo requerido se iniciaron los ensayos reales, cuya primera fase era la restauración de las regiones que albergarían el experimento.

Se escogieron localizaciones sin afectación directa de la última guerra, en un ámbito mucho más acotado de lo que los sujetos del experimento pudieron imaginar. Australia se dejó para el final, no existía en realidad más que como un enorme páramo. Pero más arduo si cabe fue el desarrollo de fundas para científicos, observadores y trabajadores de lo que a la postre sería un enorme laboratorio.

Y como las cosas suelen empezar por el principio, en ese entorno artificial creció el número uno. Obviamente la sociedad que se recreó, aunque sin duda tenía mucho de humano, contenía ajustes clave orientados a los fines del experimento. El objetivo era cosechar la miel de la colmena humana, y los ingentes trabajos debían rendir un retorno adecuado.

La idea es que la experiencia fuera completamente transparente para los individuos a lo largo de toda su vida. Que nacieran, crecieran, se reprodujeran y murieran de forma completamente autónoma y generando trabajos de interés como la obtención de valiosas materias primas por el camino. No quiero tener el cinismo de catalogarlo de simbiosis pero no era peor destino que el olvido que ellos mismos se procuraron, aunque seguro que en eso hay diversos puntos de vista.

En cualquier caso así es como fue, y algunos sostienen que las cosas son sólo como deben ser. Y no sólo eso: así es como deben ser una y otra vez. Es una noción que no hay que confundir con la del fatalismo, aunque alberga cierta idea de destino. Nietzsche lo llevó más allá con el “eterno retorno”. No es sólo que las cosas sean de la única manera que pueden ser como el resultado de los procesos superdeterministas de sus elementos constituyentes, es que en el gran esquema tal dinámica estaría abocada a repetirse una y otra vez exactamente del mismo modo. Y quién sabe cuántas veces antes habría escrito ya estas palabras. No hay manera de comprobarlo. Sin embargo, como Gödel demostró, hay afirmaciones lógicas que pueden ser verdaderas e indemostrables. Otra vez la fe.

Algunos creen que la secuencia de acontecimientos, de la nada al todo, está abocada a repetirse una y otra vez, exactamente igual. Que el final es el principio. El alfa y la omega, el uroboro, esa serpiente que se muerde la cola, cerrando el círculo. Y esa sería la naturaleza del cosmos.

Otros plantean cierto agnosticismo, puesto que si no hay comprobación posible, como se piensa, el asunto carece de relevancia y zanjan la cuestión con un bostezo.

Es un fenómeno curioso, el bostezo. Sorprende por lo transversal, uno puede ver a un animal de una especie muy diferente bostezando y sabe exactamente lo que está experimentando. Hay muchos otros sobre los que tal vez no nos interrogamos. Seguro que sueñan. ¿Experimentan otras especies lo que conocemos como déjà vu?

Se piensa que la causa está en la mente del sujeto. En realidad forma parte de esos fenómenos a los que, como en un principio parecen de escasa trascendencia, no se dedica la atención debida. Nuestros sentidos nos revelan una pequeña parte de la naturaleza del mundo.

Volviendo al experimento, superó todas la expectativas. Los análisis a partir de la reconstrucción del modelo social se demostraron tremendamente limitados. La experiencia vital del número uno, monitorizada bajo la enorme lupa del laboratorio, resultó funcional a los intereses perseguidos, pero hay ciertas clases de afinidad que no pueden ser reproducidas en un entorno de laboratorio.

Existen efectos emergentes difíciles de prever, pero ciertamente en muchos casos su conjugación resulta en más que la suma de las partes.

La realidad es que las competencias humanas rivalizaban en muchos aspectos con las de los propios experimentadores, hasta el punto de llegar a preguntarse éstos quién estaba experimentando con quién, a pesar de la desproporción del número y de posición.

Los efectos citados no fueron observados hasta que el número de sujetos era ya muy elevado y ya provistos con cierto grado de tecnología. Observaciones que en los individuos de prueba no se habían producido hasta la mediana edad o después empezaban a aparecer en etapas tan tempranas como la adolescencia, cuestionando severamente el sistema diseñado, con base en la organización humana original, o lo que se pudo deducir de ella, pero con diferencias clave destinadas a la maximización de obtención de recursos.

Los prometedores ensayos pronto se vieron cuestionados en la implantación real, lo individuos crearon una cultura con complicidades y niveles de comunicación que escapaban al radar, produciendo movimientos que eludían el control político y obligaban a improvisar sobre la marcha y maniobrar para responder ante las emergencias.

El experimento, como muchos, terminó por escapar del control de los experimentadores. Pretendieron hacer un siervo del que podría haber sido su amo, en otras circunstancias. En realidad no hay ni siervo ni amo, hay sólo unas circunstancias y una solución óptima para un problema determinado. Y un destino, en cierto modo, escrito en la cosmografía de las estrellas.

A pesar de todas las limitaciones, el mono, no sólo tomó conciencia de su situación de modo inexplicable, sin poder saber en ningún modo cómo había atado cabos para llegar a tales conclusiones. Terminó por realizar avances en diversos ámbitos que dejaron honda huella en la sociedad que pretendía ponerles a su servicio.

De modo similar a los humanos utilizando el clima como arma, no sabían realmente lo que tenían entre manos, a pesar de la profunda investigación previa, hasta el punto de dividir una sociedad que hacía miles de años que no experimentaba ese tipo de cismas.

Se descubrió que hay otra forma de ver el fenómeno común del déjà vu, más allá de las tesis endógenas. Ése regresar al futuro.

A veces la intuición nos muestra las cosas justamente como son y es el razonamiento el que las enmascara. Si Nietzsche estaba en lo cierto, todos estamos encerrados en un bucle temporal. No es sólo que nuestras acciones se hallen predeterminadas, es que estamos condenados a repetirlas una y otra vez hasta el fin de la eternidad.

Sin embargo, en algún nivel, en un medio subyacente desconocido, aún más sutil que el espacio, en la propia nada, se diría, parece que el repetido devenir de los ciclos dejara alguna clase de huella, un surco que la conciencia, mediante un sentido cuyo mecanismo se ignora, fuera capaz de sentir en algunos momentos. Como el desgaste que los pasos de los siglos vierten sobre la piedra de los escalones.

Todo se repite igual, a cierto nivel. Pero la paradoja es la misma que la del déjà vu: no se puede tener memoria de lo que no se ha vivido. El gran ciclo al repetirse incrementa la presencia del fenómeno. Se deduce por lo tanto que, si hubo una primera vez, el fenómeno no existía, nadie lo pudo experimentar y que no habría un ciclo anterior que pudiera haber dejado su impronta en el éter del vacío.

Luego, existen diferencias entre la repetición de ciclos. Y los sistemas caóticos son francamente delicados. Un pequeño cambio en las condiciones de partida puede cambiar por completo el desenlace. Hay una salida del bucle. Lo que nadie sabe es hacia donde. Pero lo que es seguro es que la acumulación puede producir efectos emergentes inesperados. Pareciera que ése y no otro es el ejercicio de tomar conciencia. Parece sólo una cuestión de tiempo saber qué nos aguarda más allá del infinito bucle. De ese ciclo de nacer y morir. De elevarnos para contemplar el rostro del padre y continuar el camino que ha sido trazado por y para nosotros en el vacío. Quién sabe, quizás incluso ya lo hayamos caminado infinitas veces.

***

miércoles, 19 de junio de 2024

Yo contra el mundo

 Tantos dijeron "yo contra el mundo" que alguno tenía que ganar.

Aquí va a haber paz

 Aquí va a haber paz.

Con todos vivos o con todos muertos.

Pero aquí va a haber paz.

viernes, 7 de junio de 2024

Pero supongamos... (El experimento humano) -Demasiado suponer II-

Sobre el punto 1, el tema de viajar por el cosmos.


Supongo que es una premisa bastante asumible. Seguramente el más asequible entre los presupuestos planteados, aunque el cómo es todavía un desafío para la ciencia de nuestros días.


Sobre el punto 2, la idea del esclavo genético.


Aquí es donde se empieza a poner interesante y está bastante desconectado del ámbito del punto anterior.


Se aventura una “solución” a lo que en términos marxistas sería la vieja lucha de clases mediante genética y posiblemente una gran falta de ética. Sería un tipo de esclavitud futura que solventaría uno de los principales problemas de la economía que es el reparto de la carga de trabajo, así como de sus frutos.


La ventaja es que una vez diseñado el código genético, lo único que hace falta es paciencia. Es una tecnología autorreplicante al modo de las sondas de VonNeumann. Pero por si la idea es ya poco turbia de por sí y entraña pocos dilemas existenciales, a lo Blade Runner, la idea de la posible hibridación accidental lo sitúa aún más lejos de cualquier parámetro moral.


Como justificación parcial, dada la distribución de los diferentes perfiles étnicos sobre el globo, cabe especular con algún tipo de ensayo. O diversidad de especialización, caso contrario cabría esperar mayor homogeneidad. Coincidiría con los diferentes estilos de los restos megáliticos hallados en diversos puntos del planeta a razón de lo diferentes grupos de trabajo.


Claro que, en función de los parámetros de tiempo en que nos movamos, las heterogeneidad étnica observaba bien podría deberse a la adaptación a los diferentes contextos.

La noción del tiempo puede ser muy relativa. La cucarachas nacen, crecen, se reproducen y mueren. Eso decía un anuncio de los 80. Sin embargo se conoce al menos una medusa que es capaz de revertir el ciclo del envejecimiento, por diferencias genéticas. Escaparía por lo tanto a esa noción tradicional de vida, similar a la del citado anuncio.


Desde luego no parece que este tipo de máquinas orgánicas sea el método más rápido, pero en vista de la capacidad de replicación presentan una evolución exponencial.

Y alguien que no tenga un problema de envejecimiento quizás valore más resultados a largo plazo.


También en Blade Runner los replicantes presentaban una fecha de caducidad, en la realidad un cardiólogo podría explicar que, en cierta manera, los latidos están contados. Tal vez una manera de garantizar una conciencia limitada del contexto en que tales individuos se hallan.


Lo que no cuenta Blade Runner es que el origen del Nexus 6 sería algo mucho menos glamuroso que la última tecnología:

https://gacetinmadrid.com/2024/06/06/detenido-trabajador-violar-cabra-en-ucm/


Pero eso corresponde más al punto 4 sobre la hibridación.



Sobre el punto 3, el tema del oro.


Sí es bonito. A simple vista no muy diferente de la pirita, el llamado “oro de los tontos”. Pero la verdad es el oro tiene algunos rasgos especiales que vale la pena tener presentes.


Es un material que se considera escaso, y es natural puesto que el elemento aurum se piensa que proviene de reacciones en supernovas, que resultan tal vez los fenómenos más violentos del cosmos que conocemos, y no tan frecuentes. Creo que hay un par de ejemplos en el último milenio.


El resultado es que es una sustancia más elaborada en su capa electrónica, más pesada, que otros elementos más primigenios y comunes. Por la economía de mercado sabemos que a mayor escasez, mayor precio. E incluso por más sabemos que a mayor escasez, mayor trabajo y a mayor trabajo mayor coste, luego, precio.


Pero lo cierto es que el oro para la humanidad no ha sido más que un elemento decorativo. No es una metal con un valor estratégico para la guerra, como sí lo sería el acero. Pero sí que se ha terminado imponiendo como medio de intercambio de referencia.


Para crear un medio de intercambio es requisito indispensable que haya una demanda de éste. ¿Pero quién soportaría una demanda tan alta para convertir en medio de intercambio un metal en principio accesorio como el oro? Pues seguramente alguien para quien no fuera accesorio.


Y algunas cosas hemos aprendido sobre el oro: de todos los elementos que conocemos es el segundo mejor conductor de electricidad, después de la plata. La diferencia es que la plata se oxida y el oro no. Pero además, si hay un segundo material como un papel tradicional de medio de intercambio es precisamente la plata.


Pero no sólo eso, además resulta altamente biocompatible. Y es un dato interesante en tiempos en los que se empieza a hablar de transhumanismo. A determinar el papel que pueda tener el titanio en todo esto, que como todos sabemos por los implantes dentales también presenta el rasgo de biocompatibilidad.


Sobre el punto 4, la hibridación.


Por poco que los dioses hicieran al ser humano “a su imagen y semejanza”, algo podríamos saber de la naturaleza y la pulsión reproductiva, aunque sin duda ésta podría haber sido calibrada en función de las necesidades. También de perversiones y aburrimiento. ¿O tal vez se trató de un pequeño acto de amor revolucionario?


A estas alturas a nadie se le deberían escapar los paralelismos con relatos con el de los llamados annunaki o incluso la iglesia de la cienciología, cuando no la propia biblia.

La narrativa más tradicional sumeria, siempre según Zitchin, que si no me equivoco es de donde emana toda esa corriente interpretativa, se refiere a Enki y Enlil enemigo y amigo de la humanidad.


Cabe señalar que en las traducciones de lenguas muertas muchas veces vemos lecturas en las que se asume que el sujeto es un individuo cuando cabe sospechar que a veces puede referirse a hazañas que corresponden más a una nación, pueblo o similar tipo de colectivo, encabezadas seguramente por una suerte de líder. En el caso concreto que se mencionaba bien pudiera tratarse de facciones, o esa es la impresión que podría derivarse de alguna de las traducciones de la epopeya de Gilgamesh disponible, que no en vano se considera el texto más antiguo conservado.


Uno de los problemas, ya no de las traducciones, si no de la comunicación y más cuando deviene en mito o en símbolo es que la lectura metafóricas pueden ser muy amplias. Desde el Prometeo que roba el fuego a los dioses hasta el Cristo que se sacrifica por la humanidad.


Y todo esto que puede parecer muy lejano en realidad es todo lo contrario, son conocidos hoy en día los casos de abuso a trabajadoras en el campo, que al fin y al cabo sería una situación que guarda una cierta analogía con la planteada.



Sobre el punto 5, la revuelta.


Creo que esta es mi parte favorita. Ya no por el hecho sí si no porque el abanico de posibilidades se abre aquí como una flor.


Una diferencia importante es si “el experimento humano” resulta conducido por el consenso general de un colectivo o por una facción determinada dentro de este. El relato tradicional nos habla de dos posiciones, pero otros relatos también hablan de hacer sacrificios humanos para garantizar que salga el sol, así que es difícil saber de qué fiarse. La historia del poli bueno y el poli malo también nos la conocemos todos, por más que muchas veces sea así.


Lo cierto es que si uno asume que el desarrollo intelectual y ético presentan cierta consonancia, no parece demasiado claro que el conjunto de una gran sociedad pudiera avalar tales prácticas, aunque por otro lado nuestra propia historia nos provee de experiencias colectivas muy escoradas de un cierto criterio ético general, de existir tal cosa.


Sea como fuere sí parece que los tiempos hubieran cambiado bastante desde que reinaran aquí los dioses. Y especulaciones se pueden hacer a cada cual peor: en el mejor de los casos habrían sido expulsados, claro que también cabe la posibilidad de que la propia facción pro humana (lo que vendrían a ser los animalistas) terminara por imponerse.


Más grises aún, incluso peligrosas, son las ideas de que hubieran quedado diluidos en la sociedad humano aún hoy viviendo de las rentas de su trabajo, ya fuera públicamente o desde cierto anonimato. Aunque si reparamos en el propio concepto de linaje real y ahondáramos en sus orígenes, ya fuera la fuera la reclamación falsa o verdadera, no andaríamos tan lejos de esas tesis. ¿De dónde vienes los reyes? ¿De oriente?


Tal situación bien podría formar parte del supuesto vacío de poder creado, si es que eso ha sucedido. O aún habiendo sucedido aún cabría la posibilidad de que dentro de algunos milenios, siglos o mañana mismo, alguien se presentara aquí a buscar su oro.


Tal vez simplemente el experimento fuera abandonado a su suerte tras el incidente de hibridación no previsto. O tal vez aún hoy se monitoree la evolución de dicho experimento, aunque si le preguntas a un ser humano su sensación tal vez se asemeje a hallarse perdido en mitad de la nada.


Tal vez el lío que tengamos aquí montado no sea ni medio normal. Las narrativas que nos damos a nosotros mismos suelen ser mucho más trascendentales, menos mundanas , pero las tesis antropocéntricas de las que tales relatos suelen abastecerse se han venido demostrando repetidamente erróneas por la vía de los hechos. Tal vez haya llegado el momento de valorar otras posibilidades e interpretaciones a la hora de examinar nuestros orígenes con la mayor dosis de autocrítica que permiten las sociedades modernas.


No obstante, en cuanto a los que vienen a conocerse como profetas, hacen pensar que el ser humano quizás no esté tan solo o por lo menos no tan desconectado de la esencia del todo.


Sin embargo quedan varias preguntas por responder, si no todas: ¿finalizó realmente el conflicto entre esas supuestas dos facciones? ¿existen garantías de cumplimiento de ese hipotético consenso alcanzado? ¿O hay que contemplar un escenario mucho más errático? ¿más partes incluso de las aparentes? Difícil de decir es.


Lo cierto es que de las grandes obras en piedra no quedan más que sus olvidadas e incomprendidas ruinas, barrida su memoria por el viento de los milenios. O quizás los que no saben son sólo aquellos que nunca llegaron a saber.


O quizás esto fuera un edén feliz y ante el advenimiento de un cataclismo simplemente hicieran las maletas y se dirigieran a pastos más verdes. La verdad es que no soy un gran apasionado de este planeta, en la mayoría de sitios ahora frío, ahora calor… y si no ahora lluvia ahora sequía.


Quizás ni siquiera esperaban una tasa significativa de supervivencia y estimaran la extinción.

Lo que hoy conocemos en economía como reducción de costes en realidad tiene en última instancia que ver con la física de la energía que requiere un trabajo dado.


Tal vez no se requiera tanto para desviar un meteorito que pueda barrer a los grandes saurios para hacer espacio pero sin duda requiere invertir un esfuerzo.

Bien podría ser también casualidad, pero encaja demasiado bien con la narrativa propuesta como para no mencionar la posibilidad.


Múltiples variables y escasos datos es una mala combinación que no impide sin embargo atreverse a trazar a algunas pinceladas, aunque tal vez no formen parte del retrato final.


Sobre el punto 6, la búsqueda de los orígenes.


Un busca por definición algo que no tiene. Si lo tienen, no necesita buscarlo.


Y es muy normal que la memoria, la tradición oral antes que el legado escrito, tenga un alcance limitado. Lo que no es tan normal es del modo que suelen darse la descripción de tal circunstancia.


Si me preguntaran a mí, y supongo que a cualquiera por los propios orígenes, hablaría de su árbol genealógico hasta donde tuviera constancia, no hablaría de “cuando reinaron los dioses”. Indudablemente las dinámicas de poder so un factor a tener en cuenta, pero el argumento divino para reinar no es el más obvio, como si lo es el del monopolio del uso de la fuerza.


Lo puedes probar aún incluso en estos días: di a la gente que te obedezcan porque te envía dios y seguramente no tardes en encontrar dos hostias. Y por lo que cuentan de hace 2000 años ni aunque sea verdad.


Sobre ese caso particular, me viene a la mente la mucho más reciente aventura de un hombre seguramente bienintencionado que se dirigió en canoa a la isla centinela del norte, donde habita aún una tribu no contactada que lo recibió a flechazos acabando con su vida.

Los dioses foráneos igual no están bien vistos en todas partes, no cabe subestimar las dinámicas de poder. Aunque sin duda griegos y egipcios se deshicieran en esfuerzos diplomáticos para poner en común sus cosmovisiones.


Mi impresión es que eran localizaciones independientes cuyo denominador común es precisamente la pieza ausente del escenario y precisamente de ahí es desconcierto.


Pero si hemos de hablar de algo más aproximado a certezas, el papel divino es una constante en los mitos fundacionales de las primeras culturas. Tal vez lo que se describe es algo distinto a las limitaciones la memoria y no sólo planteamientos filosóficos de la existencia.

Los egipcios llegaron a poner su lista de reyes por escrito, ya sea real o ficticia, de sangre pura, impura o mestiza. Aunque a juzgar por los periodos de los reinados se diría que no presentaban una longevidad humana. Dioses zoomorfos. Si miramos al otro lado del océano, seguramente en fechas muy muy posteriores, Viracocha no presentaba rasgos tan exóticos, más allá de ser pelirrojo en una latitud poco habitual para ello.


Apostaría por Egipto como el lugar donde mejor se han conservado los diluidos y lejanísimos ecos de ese pasado olvidado, de esa historia deformada por el mito.

De lo que hubo en Egipto antes del Egipto clásico: el canon real de Turín podría ser uno de los documentos más valiosos de la humanidad.


La importancia de interpretar correctamente lo que supuso el reinado de Akenatón y ahondar en sus causas no se puede exagerar, podría ser una pieza clave para entender el escenario.


También multitud de narrativas hablaban de las enseñanzas recibidas, sin estar en posición de aclarar si forma parte de la instrucción prevista de la herramienta humana o fue una manera de tratar de reconducir el caos creado. Tal vez, tras ese supuesto cataclismo que en la mayoría de tradiciones se suele catalogar de diluvio, encontraran de vuelta algo muy distinto a lo esperado, quizás a causa de la supuesta hibridación.


Tan difícil de dilucidar es como si realmente estamos solos o todo lo contrario.

Lo que advirtió Fermi es se trata de una situación aparentemente paradójica, aunque sin duda se han ensayado infinidad de posibles respuestas para tal cuestión. Más aún si cabe que para la de nuestros propios orígenes.


Sobre el punto 7, que plantea una analogía de roles.


Dese el primer punto se plantea que un dilema que podría parecer a una distancia del todo insondable, tal vez pudiera estar mucho más cercano que lo que cabe imaginar.

Lo suficiente por lo menos para poder entrever las sombras desde la caverna, que diría acertadamente Platón.


Tal vez estemos más cerca de lo que nos pensamos, si no de cerrar la cuestión, de dar una gran salto en la repuesta que podemos ofrecer a las tres preguntas inmortales de la filosofía, y por lo tanto del propio misterio de la vida:


¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? ¿De donde venimos?


De donde venimos nos dirá quienes somos, y quienes somos nos dirá a donde vamos.


Si además esa repuesta implica el hecho de no estar solos en el universo, es sin duda alguna la cuestión más trascendental que atañe a la especie humana. Aunque visto aún desde mayor distancia, nada cambia la relfexión de Sagan y al final todos somos polvo de estrellas.



miércoles, 5 de junio de 2024

Demasiado suponer

Hagamos juntos una suposición. En realidad más de una:

1.

Supongamos por un momento que se encuentra la manera de viajar a otros planetas y extenderse por el cosmos (estamos en ello).


2.

Supongamos que las tensiones de la economía, en virtud de los avances de la genética, se solucionan creando una casta inferior. Que en lugar de ser la robótica lo que sustituye el trabajo del hombre, lo es una raza menor, menguada, sin alma, jurídicamente otra categoría más de animales y no de ciudadanos, pero creados a imagen y semejanza. Aunque con una modificación que acorta los telómeros programando una fecha de caducidad.


3.

Supongamos que la tecnología para desplazarse a través del cosmos, o alguna otra muy relevante, requiere, por ejemplo, oro.

Y que existen planetas mineros dedicados a tal finalidad.


4.

Supongamos que errare humanum est y que los administradores de esas minas (un planeta, un estado o grupo mafioso, pirata o terrorista) utilizan a las hembras de la especie en modo que no está previsto para la actividad minera. Y que se termina creando una especie híbrida.

5.

Supongamos que esta nueva especie híbrida, con la docilidad impuesta genéticamente ya diluida, con el paso de los siglos termina por rebelarse y expulsar a sus creadores. Y esta suposición es doble, porque podrían haber quedado incrustados en tal sociedad. O triple: ya sea como regentes o en el anonimato. O cuádruple: incluso ambas.

6.

Supongamos que esa nueva especie de mestizos mira al cielo estrellado preguntándose por sus orígenes.

7.

Supongamos que esos mestizos son lo que conocemos por "raza humana".


Podríamos suponer que es demasiado suponer, pero seguramente sería demasiado suponer.


Lo que quedaría sería un planeta de una raza de mortales huérfanos de dios, donde se adoraría al oro sin conocer el motivo y con restos milenarios inexplicables de otra cultura y tecnología que serían completamente incapaces de explicar, del mismo modo que el misterio de su propio origen.

Pero eso sí que es mucho suponer.